Hoy tengo un cantar que me quema
que fluye de colinas y abismos
de vendavales y soles
tempestades en el cielo del alma
pastoriles murmurios
fragores y cantos, y dolores y amores.
Hoy tengo el perfume y el néctar
que invade mi carne y mi sangre
desde la flor ansiosa de su boca.
Hoy renazco de hastío interminable
y me elevo
me sublevo de las sombras
que contristan el rayo mensajero.
Hoy soy/
soy furia y soy calma.
Furia intensa...
y de ti cómplice
oh, espirituosa musa
que vertebras leyes de natura.
Acompañarás este canto.
Acompañarás este grito.
Calma soy, sí, tú, errante ser
donde puedes abrevar
la hacienda cansada de tu angustia.
Instinto y fiebre natural acompasas
enloquecido corazón.
Hoy tengo un cantar que me quema
que desde antaño vibra
oh, vástago del tiempo.
Hoy libero al viento el vapor perfumado
la libertad ardiente de mi juventud.

Hoy me entrego al hedor y perfume de la vida
asalto los fortines del temor.
Un desconocido soy entre desconocidos
mas no mi canto ni mi grito.
De selvática y húmeda fronda provengo.
¡Oh, Chaco, de antiguas rutas térreas
de resbaladizo lodo/
siestas de suelo crujiente/
brillantes flores silvestres
que altivas enfrentan al Sol.
¡Ah, blanco algodonal gramos infinitos
desafío de cinturas de viejos y jóvenes
quebrados sobre blanco tendal!
Traigo en mi corazón
el éxtasis alado de multitudes canoras
de la inundación su vértigo implacable.
Bajo sombrero pajizo a pie vengo

atravesando secas lagunas
secos carrizales.
Arreando ganado entre bosques
rodeando esteros.
¡Oh, caídos verdores
y estupor enredado de la vida!
Carrizales marrón amarillentos
paradójico camufle y bullicioso delator de la boa
rollizo inquieto de ávidas fauces.
Yo vengo de universales mezclas
amadas y amados del mundo
y vosotros sois la simiente
la semilla que nos reúne.
Vosotros que no solo sois

vosotros que sabéis escuchar
vosotros que discernís
labor sagrada de los tiempos.
De onomatopéyicos sonidos provengo
¡oh, voluntades de pro-vida!
Vengo de templos de arpas y guitarras
¡oh, celestes espíritus del amor!
A vosotros dedico sones y arpegios
que iluminan la penumbra de naranjales florecidos
azahares embriagantes del amor
que rezuman el aire y el baile.
¡Oh, musicalidades y poesía del paisaje
virilidades eternas del alma!
No vengo de fáciles palabras...
porque soy silencio y un grito del espíritu.

Basta la elocuencia de este vítreo horizonte multicolor.
Basta inyectar el alma de anaranjados atardeceres
donde brasas ardientes del sol que va muriendo
danzan su último baile en el follaje.
Vengo de esperanzas combativas
donde el sapucai resume el desafío
y desarma la nota discorde del temor.
Allá serpentean ríos y jangadas.
Mansos poderes fluyen.
¡Allí, se energizan las venas del canto!
Hoy tengo un poema y quiere ser un canto.
Y es un canto.
Y es un grito.
Lumbre quiere ser de continentes infinitos
unísonos sones de pueblos adormecidos.
Un clamor de esperanzas ignoradas.
Crepitar de natura os clama

amadas y amados del mundo
a romper el vacío copioso
de mezquinas calmas.
Renacer al espíritu y la conciencia del tiempo.
Ahuyentar escudos y blasones.
Desenmohecer el amor.
Hoy vengo a restañar las heridas del canto
a enronquecer sonoridades y silencios
a desarmar artes pretendidas

y a convocar violencia tierna de ángeles
turba encendida de justicia.
Prestad vuestros oídos, oh, fraternidades del mundo.
Buscad sentido a cada palabra.
Hoy quiero ir más allá de los mares
saltar el umbral de profusas bohemias.
De espiritual dominio ensalzar el poder.
Invito a levantar
las velas de esperanzas caídas
azuzar con poesías las manos del viento.
YA, es el tiempo.
AHORA, es la hora.

Sí.
Ya es hora de sujetar las riendas
de las aguas desbocadas.
Ya es hora de encausarlas
en el cauce reseco de la vida.
Ya es hora de desandar
los caminos polvorientos
de evitar los campos
de batallas sin victorias.
Ya es hora de atar la mano desoladora
de compensar en justicia el castigo del inocente
de arrancar las alambradas del egoísmo
y sembrar los campos desiertos.
Momento es
que tus manos concreten
lo que huellas de tus pasos
desangraron en olvidos.
Ahora
que estas líneas
quieren latir en versos
que transportarse desean en las venas de natura…
y cuando ya salten
las barreras de códices y lenguas
cuando sientas ( si sientes)
que las palabras son
espejo de lo que tu corazón grita
entonces canta
canta y rompe el aire con tu voz.
Suelta a navegar
a los veleros escondidos del alma.
Flecha al Norte serán tu canto y el mío
en la rosa abierta de los vientos.
Acallarás, aún
a los dioses antiguos del Olimpo.
¡Hasta ellos vendrán contigo!
Vendrán a recoger la hermosura de los tiempos
y más allá de Jericó
venceremos las murallas construidas de temor
y de egoísmo
esas murallas que acorazan pueblos y naciones.
Allende los mares
cantarás tu canto universal.
¿Sois vosotros de la puna escondida
donde el sol hiriente
lastima el pétreo quebraderal?

¿Sois, acaso, vadeadores del Misisipi
y litorales de extensos y silvestres huertos?
¡Sí, vosotros, de las rápidas llanuras!
Entrareis conmigo a la conciencia de los cantares
rezumando candores de la verde fronda.
¿Estáis por allí escoltas del sol naciente
portadores de milenaria historia?
Sí, vosotros envueltos en los vapores impertérritos
de Hiroshima y Nagasaki
¿seréis también dueños del canto?
O los que rodáis el Himalaya en reino de
reverentes temores
¿entrareis, acaso, en la cálida corriente
de universales esperanzas?
Todos/
todos venced al tiempo
y arrebatad la memoria
que encierra el alma del mundo.
Venced la distancia.
Construid puentes de cimientos fraternos.
De una vez por todas levantad los brazos
que acurrucan el frío
tumbas de indiferencias y desidias.
Romped las murallas
que acorazan naciones ególatras
de pueril orgullo
y diabólica vanidad.
Prieto entre los dientes estaba el canto.
Hoy se revela.
Hoy vocifera sobre la espuma revuelta de la historia.
Es la cuerda que templa el espíritu de lo nuevo.
Mas no existen naciones dueñas del canto.
Ellas son sólo súbditas del interés común de los pueblos.
Entonces vosotros
humildes y valientes de la tierra
espíritus que arrastran
la verdadera poética de la vida
¡aflorad!
lo que subyace indeciso en vuestro espíritu.
Despertad a los gigantes dormidos
que habitan vuestros corazones.
Unid la línea fuerte de brazos
y cálidas manos estrechadas.
Sucumbirán los tiranos poderes
bajo el rayo valeroso
de vuestro índice.
Ah, rompiere vuestro canto, tal vez
la punta diamantada de la soledad
la mazmorra mezquina del egoísmo.
Sí/
¡Romped
el eslabonado acero de protocolos vacíos
la maraña entumecida de miedos nefastos!
Pudiera yo mismo
como humano simplemente humano
apoderarme
de la sed “pretenciosa” de los humildes.
Un nuevo arte habrá de enseñar el canto
no el de la ostentosidad
no el de la lujuria.
Habrá de ser el arte de sacudir
las fibras esclerosadas de la emoción.
El arte de bajar el reino del intelecto
a lo plebeyo del sentir inteligente.
Será la acción, cantando libre
en lo excelso del espíritu y del ser.
Sin embargo es simple la obediencia a este cantar.
Se trata de volver los ojos al cielo.
¡Límpido!
Los oídos al fuerte viento.
Promover los sentidos
del alma y del espíritu
extenderlos sobre el jardín generoso
y los campos olvidados.
Sí/
ya es la hora de escuchar
ver
pensar
actuar
sentir...
dirigir los pasos
posar las manos
poner el corazón.
Sí.
Ya es hora de expandir el amor
corrector de frentes alternas.
Ya es hora de amarlo todo.
Regar la hermosura
y florecimiento poético
de la vida.
Sí.
Ya es hora de amar.
Autor: Juan Carlos Luis Rojas